-El portero es mi amigo, así que no te asustes cuando platique con el, siempre que vengo al D.F. me hospedo aquí.
-...Okay...-Yo tímido, como siempre.
-¡Ulises!...-grito Fernando.
-¡Está abierto!- dijo una voz un poco quebrada y apagada, era Ulises, un hombre de unos 60 años, gafas, sombrero y una chamarra que se notaba bastante abrigadora.
Ulises le dio la llave de la habitación 509, Fernando caminaba confiado de sí, yo lo seguía como un maldito cachorro inocente.
Subimos la escalera, giramos a la derecha, después a la izquierda... pasamos dos puertas, un breve tramo muy oscuro, y la siguiente puerta la #509. La abrió, daba un aspecto de una recamara atrapada en el tiempo, la cama era de madera, el cuarto pintado de blanco, una pequeña mesa, una silla, y un baño que era una tercera parte de la recamara.
-¿Puedo pasar al baño?
-Si, claro pasa- me respondió amable y sonriente.
¡Dios!, no podía creer lo que estaba haciendo, me desconocí, enseguida tuve pensamientos como de que me iba a secuestrar, o quizá a matar... no sé, tenía muchas dudas... pero quería vivir aquello. Así que, actué con naturalidad, aunque el ya se imaginaba que era la primera vez que hacia algo como aquello, me dio mi lugar sin darme mas esperanzas y lo mejor, sin mentir.
-Toma este paquetito- me dijo mientras salía del baño, era un chocolate amargo(¡Dios!, ¿Quien le dijo que amo el chocolate amargo? pensé.)
-Oh, gracias... amo el amargo.
-A mi también me gusta muchísimo- me dijo con su ya de por sí seductora sonrisa y su encantadora voz.
-Mira, compre varios de estos cuadritos, y este lo estaba guardando para alguien sorpresa, así que toma- me dio un cuadrito de unos diez centímetros por siete... era una replica miniatura de botero de una mujer desnuda como es su muy distintivo estilo.
Lo tomé, sonreí, y me acarició la mejilla derecha.
-Esperame eh, ya vuelvo.- Entró al baño.
Me acomodé en la cama, no de una manera sexy ni seductora, sino como para descansar, a lo que cuando el salió creyó que trataba de seducirlo... y no, por que ya lo había logrado.
Me miró, y en silencio se aproximó a mi... -Tienes unos ojos preciosos.- dijo antes de besarme, y ahí fue cuando me dí cuenta que debía suceder, iba a suceder, tenía meses sin nada de sexo, debió ser el momento.
Trató de usar su lengua, pero no se lo permití. Besaba lento, tranquilo, no llevaba prisa, estaba muy seguro de sí, me acariciaba con ternura, digo, sabes de que manera lo hacen las personas dependiendo de que parte te tocan mas, si te aprietan o si son pequeños roces, cosquillas...
El me acariciaba suave, no lo hacía con morbo, me sentía bonito (okay si ya, puedes reírte). Aun traía puesta toda mi ropa, se hizo un poca hacia atrás y me dijo que quería ver como era mi piel, que me quería ver desnudo, y no sé porque accedí tan fácil y rápido, ahí me desconocí. Pero lo hice, no me costó trabajo, y cuando ya no tenía ropa de mi cadera hacia arriba, me dejo caer de nuevo a la cama, se colocó sobre mi, frente a frente, y me beso de nuevo, le gustaron mis besos, se dejaba morder los labios, me mordía los labios... yo le lamía los suyos, de mi boca, pasó a otros puntos: el cuello, la oreja, mi pecho, y claro, creo que los "fernandos" tienen un cierto grado de afición con los pezones, al menos con los míos. Y bueno, siguió mas abajo, arriba de mi ombligo, vaya, este chico si aprovechaba los encuentros, lo hacia muy bien, era lento pero intenso, no dolían sus mordidas, su lengua era mas fuerte que la de cualquier otro chico con el que haya intentado aquello.
-¿Puedo?- dijo mientras desabrochaba mi pantalón, así que me dejé desnudar, aunque un poco apenado por mi ropa interior: una "truza" oscura con unas lineas blancas y delgadas, y una calcetines... ¡ROSAS!...
-Okay, no debes mirar lo que envuelve mis pies... es vergonzoso, así que no lo mires.
Me miró, en su miraba cada vez encontraba mas ternura, me sentía cada vez mas en confianza... eso fue lo que me hizo reaccionar, me estaba enamorando de el, si es tonto, es lo que no debe pasar cuando haces aquello.
-Si yo me quedaré así, es justo que yo también pueda admirar tu piel...
Le quite la chamarra, la playera, su pantalón... toda tela que me impidiera verle cada centímetro de piel.
Era mi turno, así que le pedí que se pusiera boca a bajo, que cerrara los ojos, deje escapar un poco de aire caliente sobre su nuca, le di pequeños besos atrás de su cuello, y comencé a bajar lentamente, sin despegar mis labios o lengua de su suave piel. su sabor... aquel suave y salado, me encantó. Amé que fuera tan blanco como yo, ame los sonidos que producía cuando le besaba bajo sus glúteos... atrás de sus rodillas, y cuando le mordí suavemente la entrepierna, amé sus vibraciones.
Su piel se erizaba, y entonces, recordé que el tiempo pasaba rápido y que mi amigo me estaba esperando, no tenía dinero para regresarse a su casa y yo tenía puestos mis lentes de contacto, así que decidí no darle mas pie al asunto y bajé la intensidad...
-Eres perfecto, eres hermoso Angel, quédate conmigo esta noche, aunque no pase algo mas, quiero estar contigo.
-De hecho, Fernando... no puedo, ya debo irme...
-No es cierto... no me digas eso, es injusto.
Trató de convencerme, pero en una breve discusión de unos quince minutos, comprendió que era verdad, tenía que irme.
Le llamó a mi amigo, y me dejo hasta la puerta de aquel bar donde nos presentamos.
-Entonces, vuelvo a el D.F. el 10 de enero, tenemos que vernos, tomamos un café o lo que quieras... ¿vale?...
-Okay... ya tengo tu número quedamos por ahí ¿va?...
-Yo no tengo tu número...
-Revisa tu libreta que está sobre la mesita.
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